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EL
CLORO
Una negra noche de febrero de 1978, se
descarrillo un tren que avanzaba a toda velocidad hacia el sur de la
Florida. De un carro tanque que resulto dañado, empezó a escapar una
nuble de gas químico tan espesa que interrumpió él trafico en una
autopista cercana. Los automovilistas tosieron, sintieron que se
asfixiaban, muchos no pudieron contener el vómito y los más afortunados
lograron escapar de la mortífera nube arrojándose al suelo entre las
lodosas aguas de un pantano cercano. Otros no fueron tan afortunados. Para
el amanecer, 67 personas habían sido hospitalizadas y ocho habían
muerto, incluyendo a varios jovencitos que andaban cazando mapaches en las
cercanías. La nube los mato instantáneamente. La nube estaba formada por
los vapores del cloro que se escaparon del carro tanque dañado al
descarrillar el tren. El vapor del cloro es tan dañino que literalmente
puede quemarte los pulmones.
El cloro, esa sustancia que blanquea tus
camisas, limpia baños y fregaderos y ayuda a destapar las cañerías
tapadas, había cobrado más víctimas. De acuerdo con las cifras
resultantes de una encuesta realizada, en promedio, cerca de seis personas
han resultado lastimadas, cada día, durante los pasados diez años, en
descarrilamientos, explosiones, fugas y otros accidentes relacionados con
el poderoso gas cáustico. Y eso es solo el principio de los problemas
causados por el cloro.
El cloro no puede permanecer aislado. En
forma de elemento puro, el cloro (Cl2) no existe. Es una creación humana,
lograda al lanzar cargas intermitentes de electricidad a través de agua
salada para dividir las moléculas de cloruro de sodio. Una vez separado,
el cloro se adhiere con tenacidad a otras moléculas. Los químicos se
aprovechan de esta característica para lograr mezclas más homogéneas al
confeccionar pinturas, fertilizantes, pesticidas, drogas, desodorantes,
tintes, cosméticos, películas, vitaminas y centenares de diversos
productos. Una vez fuera de la planta química. El cloro se convierte en
un verdadero problema y en una amenaza latente para todos los que entren
en contacto con él.
En la parte alta de la atmósfera, donde
son separadas de sus compañeras de los carbonos, las moléculas de cloro
se dedican alegremente a comerse las moléculas de ozono que forman el
escudo que nos protege de la dañina radiación ultra violeta. Más cerca
de la Tierra, las moléculas de cloro se combinan con el carbono, que se
encuentra en casi la totalidad de los tejidos vivos, para formar los cloro
carbonos, o compuestos orgánicos del cloro. Cerca de 11,000 cloro
carbonos, como el DDT, el tetracloruro de carbono y muchos otros son
usados comercialmente, pero miles más, incluyendo las dioxinas, son
subproductos no buscados ni deseados.
Como los cloruros de carbono no ocurren
naturalmente, los seres vivos no han desarrollado defensas para protegerse
de ellos. Los cloruros de carbono, concentrados en las grasas, pasan
fácilmente a través de la leche materna y ocasionan cáncer, daños
neurológicos, suprimen las defensas naturales del organismo disminuyendo
y en algunos casos, incluso suprimiendo totalmente la capacidad
inmunológica del organismo y provocando un amplio espectro de defectos
reproductivos y del desarrollo. Ratas preñadas a las que se les
administro una dosis única de dioxina, tuvieron bebés machos con niveles
reducidos de testosterona. Las mujeres que han comido peces de los grandes
lagos que contienen cloruros de carbono, dieron a luz bebés bajos de peso
respecto al promedio nacional, menos coordinados y sufriendo de pérdidas
temporales de la memoria hasta bien entrada la infancia.
Su empleo como agente purificador de los
sistemas de agua potable, como se hace en casi todo Estados Unidos y en
muchas ciudades mexicanas, el cloro ofrece una ganga difícil de rechazar:
mata las bacterias del cólera, la tifoidea y un centenar de otras
enfermedades, pero - y es un gran PERO - crea derivados del cloro, tales
como el cloroformo, que es un activo y comprobado agente cancerígeno. Los
estudios realizados por los expertos en torno a este problema indican que
el agua potable tratada con cloro es responsable de 5,000 muertes por
cáncer de la vejiga y 8,000 casos de cáncer rectal por año. El riesgo,
aunque bajo, es suficiente para proporcionarnos un motivo sólido para
estudiar, analizar, desarrollar e implementar, métodos alternativos de
tratamiento del agua potable, tal como el de ozono, que es el más
ampliamente utilizado en Europa.
La sobre exposición al cloro en el agua de
las albercas públicas o en las de los clubes deportivos es otro problema.
El exceso de cloro chupa la humedad natural de las mucosas en el interior
de la nariz, los ojos y la vagina. Los sensibles tejidos maltratados por
el cloro absorben una mayor cantidad de gérmenes y contaminantes,
provocando irritaciones e infecciones.
Los productos caseros usualmente contienen
una forma relativamente estable de cloro conocida como hipo cloruro
(hipoclorito o hipo cloruro de sodio), comúnmente llamada blanqueador. El
hipoclorito es tóxico. Han muerto niños por ingerir blanqueador, pero el
riesgo más común proviene de mezclarlo con los agentes equivocados.
Cuando se mezcla con ácidos fuertes, como los que se emplean en algunos
limpiadores de baño o de cocina, puede producir el gas de cloro, el
asesino del tren de la Florida. Lo mismo puede ocurrir al combinarlo con
vinagre. Mezclado con amoniaco puede producir cloraminas, gases que pueden
dañar los tejidos más profundos y delicados de los pulmones, causando
neumonía.
Un riesgo más sutil, pero no menos letal,
se deriva del uso normal de los productos que contienen cloro, ya que al
mezclarse con las substancias naturales, grasas, alimentos, etc., que
pretenden limpiar en la ropa o en el fregadero, se forman cloruros de
carbono, aunque los expertos en la materia no pueden ponerse de acuerdo al
respecto, pues mientras los que trabajan para las compañías que producen
los blanqueadores derivados del cloro, no existen las condiciones para que
se formen las mortíferas dioxinas, para los que trabajan para algunos
organismos defensores de la salud y el ambiente, cualquier uso del cloro
resulta en substancias que pueden producir una amplia gama de problemas de
salud. El cloro, dicen, simplemente no es compatible con la vida.
¡NO SE ARRIESGUE!
Piense que siempre hay mejores maneras, y
sobre todo más seguras, de hacer las cosas. Y con menos riesgos. Aunque
solamente una pequeña fracción del total del cloro que se fabrica se
utiliza en productos de consumo doméstico, la lista de tales productos es
más larga que un anaquel de supermercado: desinfectantes, destapa caños,
pastillas para limpiar y/o desinfectar la taza del inodoro, removedores de
manchas, óxidos y moho; jabones para lavaplatos, jabones antibacteriales,
limpiadores para azulejo y para la tina del baño, pulidores y
abrillantadores para metales como la plata, el aluminio y el cobre y, por
supuesto, los limpiadores para la cocina y los blanqueadores para la ropa.
Para todos estos usos, existen alternativas
menos tóxicas y más seguras. Aquí hay algunas:
INGREDIENTES BASICOS
Polvo para hornear: Un excelente producto
para tallar y desmanchar que limpia, desodoriza y suaviza el agua para que
haga más espuma.
Bórax: Limpia, desodoriza y suaviza el
agua. En agua caliente es un desinfectante tan efectivo que puede usarse
incluso en hospitales.
Jabón para lavar: Se puede conseguir en
tiendas de abarrotes o incluso en los supermercados. Si se corta en
escamas se puede disolver fácilmente en agua caliente. Al contrario de
los detergentes, el jabón no es tóxico y es biodegradable.
Bicarbonato de Sodio: Corta la grasa,
remueve las manchas, desinfecta y suaviza el agua.
Vinagre Blanco: Corta la grasa.
USOS ESPECIFICOS
Para que la ropa y hasta los calcetines
deportivos queden muy blancos, en lugar de blanqueadores, use bórax o
blanqueadores que no contengan cloro.
Para dejar reluciente la tina del baño,
use jabón con bórax o una mezcla a partes iguales de vinagre con sal. El
vinagre remueve los depósitos de sarro.
Para mantener limpias las cañerías
límpielas una vez por semana con agua hirviendo. Si están tapadas,
vacíeles una taza de polvo para hornear seguida de una de vinagre blanco.
Espere unos 5 minutos y termine de destapar con agua hirviendo. Si se
resiste, repita el procedimiento cuantas veces sea necesario hasta que
logre el resultado apetecido.
Para limpiar la taza del inodoro agregue al
tanque una taza de agua caliente en la que previamente haya disuelto tres
cucharadas de bicarbonato de sodio.
Las tintorerías usan compuestos tóxicos a
base de cloro que contaminan el ambiente. Reduzca al mínimo posible el
envío de su ropa a la tintorería. Cuando lo haga, ventile muy bien la
ropa antes de guardarla.
LEA LAS ETIQUETAS!
Si un producto contiene un ingrediente cuyo
nombre incluya las letras clor, piénselo dos veces antes de usarlo.
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